A pesar de la tentación de los padres de ceder a todos los deseos de sus hijos, las investigaciones demuestran que hay un lado traicionero detrás del afán por poseer todas las cosas nuevas que tienen los demás. Este anhelo fomenta una sensación de carencia que nunca puede satisfacerse. Primero, quieren la muñeca, después todos sus accesorios y, más tarde, por supuesto, la mansión de cuatro niveles en la que vive. (Seguir leyendo...)